Los collares consagrados marcan un momento importante en el camino religioso afrocubano. Aqui repasamos su recepcion, su cuidado y el sentido que guardan dentro de la Osha.
Los elekes, tambien llamados collares, forman parte de los primeros pasos que una persona da dentro de la Osha en el contexto afrocubano. No son adornos. Son objetos consagrados que representan a los orishas y que establecen un vinculo entre el creyente y esas fuerzas. Recibirlos supone entrar de manera formal en una casa religiosa y aceptar un compromiso con la tradicion.
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En la practica mas extendida, los collares que se entregan corresponden a orishas como Elegua, Obatala, Yemaya, Ochun y Chango. Cada uno se arma con cuentas de colores especificos que identifican al orisha al que pertenece. Los colores no son arbitrarios. Responden a un lenguaje simbolico que la tradicion ha conservado a lo largo del tiempo. El blanco suele asociarse a Obatala, el azul a Yemaya, el amarillo o ambar a Ochun, y el rojo y blanco a Chango. Conviene aclarar que existen variaciones entre casas y linajes, y que los detalles del armado pueden cambiar segun la practica de cada rama.
La recepcion de los elekes ocurre dentro de una ceremonia dirigida por padrinos o madrinas de Osha. Antes de la entrega suele realizarse una limpieza de la persona que va a recibirlos. Esta limpieza busca preparar el cuerpo y el espiritu para el vinculo que se establece. La ceremonia no se improvisa. Requiere la presencia de personas consagradas y sigue un orden que la casa religiosa conoce y respeta. Quien recibe los collares queda ligado a su padrino o madrina y a la casa que lo acoge.
El significado de este momento va mas alla del acto en si. Recibir los elekes indica que la persona ha decidido acercarse a la religion de manera seria. En muchos casos, esta entrega es la puerta que antecede a otros pasos, como recibir los guerreros o, mas adelante, la iniciacion completa en Osha. No todas las personas que reciben collares continuan ese camino, pero la entrega marca un compromiso que conviene asumir con respeto.
El cuidado de los elekes ocupa un lugar central en la vida del creyente. Al tratarse de objetos consagrados, no se manejan como cualquier collar. La tradicion indica que no deben usarse durante ciertas actividades. Muchas casas ensenan que los collares se retiran para dormir, para bañarse y para tener relaciones intimas. Tambien se aconseja quitarlos en situaciones que puedan ensuciarlos o dañarlos. Estas indicaciones buscan proteger tanto al objeto como a la persona que lo porta.
Cuando los collares no se usan, se guardan en un lugar limpio y digno. Algunas casas recomiendan colocarlos cerca de los recipientes de los orishas o en un espacio reservado para lo religioso. La idea es evitar que queden en sitios donde pierdan su sentido. El respeto hacia el objeto refleja el respeto hacia el orisha que representa.
Si un eleke se rompe, la tradicion aconseja no descartarlo sin consultar. Lo habitual es acudir al padrino o a la madrina para que indiquen que hacer. En muchos casos, un collar roto se repara o se vuelve a montar dentro de la casa religiosa, con las cuentas y el procedimiento adecuados. La ruptura no se interpreta de forma unica. Algunas personas la leen como una señal, y por eso conviene comentarla con quien guia el camino religioso.
La limpieza de los collares tambien sigue pautas propias. No se lavan con cualquier producto ni de cualquier manera. Cuando requieren atencion, la casa religiosa indica el metodo correcto. Esta prudencia evita dañar las cuentas y respeta el caracter sagrado del objeto.
El uso cotidiano de los elekes varia segun la persona y la casa. Algunos creyentes los llevan puestos con frecuencia, mientras que otros los reservan para momentos especificos de la vida religiosa. En ambos casos, el sentido es el mismo. El collar acompaña, protege y recuerda el vinculo con los orishas y con la tradicion que lo sostiene.
Conviene tener presente que la practica afrocubana no es uniforme. Existen diferencias entre casas, ramas y linajes. Lo que una casa enseña como norma, otra puede matizarlo. Por eso, la mejor guia para quien recibe los elekes es su propio padrino o madrina. Ellos conocen la practica de su rama y pueden orientar sobre el cuidado y el uso de los collares de manera precisa.
Recibir los elekes es un paso que combina compromiso, respeto y aprendizaje. No se trata de un simple objeto que se cuelga al cuello. Es una relacion que se cultiva con el tiempo, dentro de una comunidad religiosa que enseña, corrige y acompaña. Quien asume ese camino con seriedad encuentra en los collares un recordatorio constante de su vinculo con los orishas y con la casa que lo recibio.